Maradona, la rebeldía hecha fútbol

Foto tomada de Bolavip

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Columna escrita por: Jorge Iván Herrera

Comunicador Social – Periodista de la Universidad del Quindío, redactor y editor de textos, investigador en proyectos de patrimonio cultural y actualmente periodista en 180 Grados Digital.


No era Dios y se equivocó tanto que fue el más humano de todos. Nos preguntamos entonces cómo en medio de tanta idolatría cabe el reconocimiento de sus pecados y aún así sigue siendo adorado. Hay una razón en la que muchos se identifican y la consideran el verdadero motor de sus sueños: su rebeldía.

Diego Armando Maradona fue un tipo rebelde, contestario e irreverente. Una estrella polémica pero antes de definirlo en simples adjetivos hay que describir sus luchas, esas que lo hicieron capitán, líder y voz del pueblo universal de reprimidos y acallados que contrario a él no pudieron retar al destino y al poder.

Quizá en esa misma condición se encuentran las causas que motivaron a que fuera un tipo odiado y acribillado por los bien pensantes que antes de cambiar el mundo – si es que lo intentan- lo juzgaron. Entonces entendemos que su posición fue la extensión de deseos incumplidos de otros que se vieron reflejados en su gloria.

Su historia es apenas el punto común de las minorías; nacer pobre, crecer en las periferias de la ciudad de la furia y sobrevivir en medio del sacrificio de sus padres para siquiera poder comer. Entonces desde allí también representó las raíces del fútbol; pobre, de potrero, mágico.

En su primer gesto de su rebeldía, salió del lodo y todas su penurias con la convicción de triunfar, pues apenas siendo un pequeño tenía decidido su camino: «mi sueño es jugar un mundial» se le escucha al  ‘pelusa’ en un vídeo de una época en que nadie imaginaba lo que vendría, excepto él.

Desde su origen el Diego sabía a quién se debía y por eso siempre puso el corazón en la cancha, porque amaba al fútbol y porque nadie mejor que él interpretó la pasión de la popular. Por eso era el indicado para vengar la estúpida guerra por las Malvinas a través del juego, para criticar a los opulentos dirigentes de la FIFA como Havelange y para llevar a la gloria a un pueblo que sólo había sufrido discriminación como los napolitanos.

Su rebeldía sacó a la monarquía inglesa del mundial en un partido que tuvo dos jugadas que resumen de la mejor manera la esencia de Maradona: el genio y el polémico. El gol del siglo y la mano de dios. La genialidad y la trampa. Su liderazgo y el mal ejemplo.

Antes de obnubilarse entre elogios y críticas ganó el mundial del 86, en lo que resultó ser la mejor presentación individual que cualquiera haya tenido en una copa del mundo. Un año después tumbó al norte de la Italia rica, pues con su humilde Nápoles ganó la liga y derrocó a los poderos Juventus, Inter y Milán.

Lo más importante de ese logro deportivo no era el título como tal, fue el orgullo de visibilizar una región vulnerada en aquel país y ese fue su mayor triunfo; ganarse el cariño, el respeto y la admiración de los vulnerables, de los silenciados y ninguneados por el poder, quizá porque él viene de ellos y porque ellos quisieron ser como él.

Pero los sueños de Maradona también lo embriagaron y en medio de su rebeldía cayó a abismos de los que nunca pudo volver. Enfrentarse al poder también significó que en su mínima salida en falso sufriría todo el peso de las consecuencias como cuando tuvo que irse expulsado del mundial del 94 por doping.

Anteriormente ya había salido por la puerta de atrás en Nápoles tras un positivo por cocaína, allí también le cuestionaron su relación con la camorra italiana, la mafia napolitana. Y es que sus amistades y círculos cercanos fueron tan polémicos como él, basta con recordar su admiración por Fidel Castro, su amistad con Chávez y con Maduro. Quizá todos nutrieron sus intereses a través de unos y otros, vaya a saberse entre populistas.

Y entonces después del fútbol para Diego, escándalos y más escándalos, innumerables señalamientos y declaraciones salidas de tono que poco a poco fueron mermando su club de fans o por el contrario iría sumando adeptos melancólicos de su imagen en el deporte.

Precisamente su significado en el fútbol no condenó a Diego, porque después de todo su historia y humanidad representaron lo bello de este deporte que hace grandes a chicos, hace justicia y se vuelve fuente de felicidad de millones que quizá no hallen otra cosa en la vida que pueda hacerlos más felices.

Y entonces después de Diego para el fútbol, habrá que conservar su legado con el balón, porque la pelota no se mancha y que entren otros a juzgar al Maradona polémico y excéntrico, que al Diego del fútbol rebelde se le va admirar siempre porque fue un eterno 10.

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