Destellos de luz desde la academia en la oscuridad de la pandemia

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Eliecer Santanilla
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Columna escrita por: Eliécer Santanilla Martínez

Magister en Estrategia y Comunicación Política, documentalista, Comunicador Social Periodista y especialista en Marketing y web  2.0. Catedrático Universitario, y reportero gráfico. Periodista en diferentes medios de comunicación. Ex director de comunicaciones en organizaciones del sector público y privado. CEO de  la Agencia de marketing y comunicación «Cuarto Poder».

La Universidad del Quindío ha jugado un papel definitivo en el marco de la pandemia. Las acciones solidarias, pertinentes e integradoras, para dar continuidad al semestre académico llevando de la mano a quienes presentaban dificultades para asumir el reto de la presencialidad asistida por la tecnología, por falta de herramientas tecnológicas o conectividad, expuso ante la región y el mundo una Universidad, maternal, protectora, cuidadora con enfoque humanístico y comprometida con las comunidades.

Lejos quedó esa supuesta universidad ausente, apegada a objetivos empresariales y económicos por encima de las necesidades y expectativas de estudiantes y funcionarios.

Es así como la academia transita un camino de ente rector y actor decisivo en el devenir de sus comunidades y territorio de influencia, llevando a la praxis local estrategias de alto vuelo internacional como la denominada Tercera Misión, incluso desenvolviéndose con suficiencia en la evolución o próxima etapa de este concepto de transferencia del conocimiento e integracionista, una hélice cuádruple (universidad-empresa-estado-sociedad civil).

Desde el inicio de la pandemia originada por el Covid-19, se han trazado varios relatos en el macro discurso universal de la lucha por la supervivencia humana.

El primero fue de temor y zozobra por el avance planetario del virus.

El segundo, obedeció a las medidas y planes de contingencia, implementados por los líderes mundiales y gobernantes. El tercero, apeló a la solidaridad y la empatía por el otro.

El cuarto micro relato, justo del que estamos saliendo, se refirió a la capacidad instalada para hacer las pruebas y diagnosticar el virus y poderle seguir enfrentando.

En este sentido, la gobernación y la Uniquindío unieron voluntades y esfuerzos haciendo sinergia en un equipo de trabajo que les ha permitido potencializar acciones y actuar de manera oportuna frente a los retos impuestos por la crisis del Covid-19.

Fue la Uniquindío una de las primeras instituciónes educativas del país en poner a disposición del gobierno local sus instalaciones, capital humano y voluntad de trabajo, previendo en una etapa inicial de la pandemia lo que podría suceder y que en efecto sucedió. Sin el más mínimo atisbo de interés político o de protagonismo mediático.

En todos ellos, la academia y en especial nuestro objeto de estudio e interés -la Uniquindío- supo leer su entorno para actuar con planeación y celeridad en los diferentes escenarios que propuso la emergencia. Tal fue la pertinencia de La Alma Mater de los quindianos, que supo adelantarse con propuestas y soluciones efectivas; encaminadas a velar y proteger la vida de los suyos y de quienes habitamos en su territorio de influencia.

La universidad no se detuvo y una amenaza inminente se convirtió en una oportunidad, un reto que la llevó a la vanguardia administrativa al garantizar su presencialidad en diferentes campos, asistida, por supuesto, por la tecnología.

Una tecnología al arbitrio de los postulados de Isaac Asimov, el gran autor de ciencia ficción que cimentó la relación actual de trato entre los humanos con sus criaturas robóticas, donde expuso la necesidad de una tecnología respetuosa puesta al servicio del ser humano.

Así pues, una academia de provincia demostró su pertinencia, tomando decisiones oportunas p que la hacen punta de lanza ante los grandes claustros educativos del mundo, donde la globalización “maclujiana” nos demostró una vez más que lo que ocurre en China afecta a este lado del globo y repercute en toda su amplia extensión.

Ahora lo local es global y lo global es local. La actual crisis puso en evidencia la fragilidad del modelo de globalización imperante; y nos conmina a replantear el modelo de Desarrollo extractivista, en el cual el papel del sector público tendrá que ser mayor al que se ha tenido en los últimos 40 años. Esta crisis ha dejado sobre la mesa, la falta de protección social, el deterioro de los sistemas públicos de salud y la desigualdad en las regiones…

Las directivas y toda la academia quindiana, han comprendido que los nuevos tiempos exigen, desde la educación básica, la preparación del capital humano para asimilar los nuevos retos impuestos por la nano y bio tecnologías, la automatización, la digitalización, el Big data, la inteligencia artificial y en general, el vertiginoso desarrollo tecnológico.

Actualmente, a la riqueza, la tierra y a el capital, se suma el conocimiento también.

El concepto de cuarta revolución Industrial se presentó en 2011, pero fue en el Foro Económico Mundial de 2016 cuando se popularizó.

La Cuarta Revolución Industrial, basada en la revolución digital y las tecnologías disruptivas y emergentes, crearon nuevas formas de movernos, comunicar y circular información, originar valor y distribuir oportunidades.

En esta cuarta Revolución, la tecnología se integra en las sociedades e incluso en el cuerpo humano y sus “apéndices externos” una memoria usb, documentos de identificación.

En estos momentos ¿Diplomas en cartón? una jugarreta del pasado, deberán muy pronto las instituciones educativas del mundo listas para graduarnos con un código QR o un chip, por lo tanto, e igual que las anteriores, primera, segunda y tercera Revolución Industrial, es un proceso de desarrollo tecnológico e industrial, relacionado con la organización de los procesos y medios de producción que nuestra academia a logrado comprender, incluso bajo el riesgo de conminar ataques a su accionar.

El mundo ya no es, parodiando al escritor peruano Ciro Alegría, “ancho y ajeno”. Es pequeño y cercano, colocándonos a todos como nunca en condición de hermanos e hijos de una misma madre; somos una especie poderosa pero frágil, simple y diversa, animal y humana, sapiens y deus, como lo expone el intelectual de los últimos días, Yuval Noah Harari en su segundo libro, donde lo más importante es humanismo, uno que se impondrá con más fuerza como residentes de esta pequeña aldea global de 7.000 millones de habitantes después de la sanadora llegada del covid-19.

Fue voluntad rectoral tener una universidad con la investigación y el conocimiento científico al servicio del departamento, mientras egos insulares pretendieron ganar titulares de oportunidad, acusando al gobierno departamental de indiferente, todo el potencial de una academia que no se detiene ni siquiera ante el más voraz ataque de la era moderna de la humanidad, en silencio y disciplina sigue su avance humanitario.

La disposición fue dar prioridad al ser humano, no hubo un solo despido, se cumplieron a cabalidad los compromisos contractuales, con justificación y disciplina en un aparataje que se cuidó de no subvencionar a nadie y sí de enseñar a pescar y cosechar a su universo humano.

Bienvenida esa Uniquindío que se reza su propio himno, como remanso de paz y de intelecto y no trinchera de odio, mezquindad e incapacidad…


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