Pensar, preparar, actuar (La tierra de los abuelos)

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Jose Alejandro Guevara

Columna escrita por: José Alejandro Guevara

Contador Público de la Universidad del Quindío.
Especialista en Gerencia Tributaria y Diplomado en Actualización Tributaria y Toma de Decisiones  de la Universidad La Gran Colombia.


Llegar a cierta edad, caso personal al cuarto piso con la mirada puesta al quinto, viejo para los jóvenes y sin embargo si falleciera en esta década: “tan joven que murió”; pero ya con la suficiente edad y el deseo de regresar el tiempo para viajar a momentos de mi vida a los cuales con el paso de los años le doy mucho más valor, tal vez por la falta de conciencia en esos instantes donde solo era disfrute, risas, simplemente vida.

Alfredo, nombre de mi abuelo, recorrer con él la finca llena de potreros, cafetales, guaduales, largas lomas verdes que adornan el paisaje de nuestro Departamento, ha sido mi mayor placer;  infante aún, solo esperaba terminar la semana escolar para salir en búsqueda de ese ser adorado, consentidor y protector. Mi abuelo, igual que su abuelo estimado lector, (si conserva la vida), ha aguantado con valor esta cuarentena, encierro que se alargará mucho más, se extenderá más que las filas para ingresar a entidades bancarias y compañías de comunicaciones, las cuales en su mezquina operación, no tienen todas sus sedes disponibles y hacen que nosotros los usuarios en el día semanal de libertad, gastemos más de tres horas en bronceado obligado o bajo un techo esperando que pase la intensa lluvia.

El encierro será más largo de lo que queremos o esperamos; justo mientras escribo estas líneas, 180gradosquindio.com diario digital que permite la publicación de estos artículos, informa que el 31% de las empresas turísticas cerrarán sus puertas dada la situación actual, y serán muchas más empresas también de otros sectores, debacle económica sin pronóstico, inesperada, fatal para inversores y trabajadores.

Ahora, ¿Qué podemos hacer? Retomar la propuesta de muchos, convertirnos nuevamente en esa fortaleza agrícola liderada por nuestros abuelos campesinos, actividad que impulsó el país y nos dio reconocimiento mundial; pero no es fácil, las conservadas tierras productivas del pasado hoy requieren mayor fertilización, aplicación de herbicidas, fungicidas e insecticidas, que elevan los costos de producción y son altamente peligrosos cuando se usan cerca de fuentes hídricas; he tenido la oportunidad de asesorar empresas del sector, con números precisos y actividades detalladas.

¿Y si el Estado actúa?  Claro que sí, subsidiar el sector agrícola y así el recurso alcanzará a cubrir un buen porcentaje de estos altos costos;  el problema es que estos subsidios se destinan solo para aumentar las arcas de las grandes empresas propiedad de amigos de los poderosos, que ya tienen cubiertos dichos costos. Dicen que la “platica sirve para todos los días”, sí, lo vivimos con Agro Ingreso Seguro y estuvimos a un “tantico” de que volviera a ocurrir en esta pandemia, casualmente con actores del mismo teatro; culpables los entes de control de esta “hecatombe”, dirán en el futuro los dueños de Colombia; a buena hora la oportuna intervención de Contraloría y Procuraduría permitió la devolución de estos dineros que deben llegar es a las parcelas de campesinos, que en otros Departamentos como Boyacá, Nariño, Cundinamarca, Tolima, están más organizados que este “pedacito de cielo”.

A pesar de la falta de organización y coordinación de entidades llamadas para tal fin, no somos el Valle del Cauca, con grandes extensiones de tierra cultivable convertida en monocultivo, ingenios azucareros que si bien generan muchos empleos, el problema que debemos solucionar a corto y mediano plazo es el de la producción de alimentos. Imaginemos todas estas tierras del Valle y del Eje Cafetero cultivadas en productos diversos con el apoyo de todos los sectores públicos y privados; pensar, preparar y actuar para dinamizar la economía, crear empleos, hacer que el dinero circule y por qué no, programar exportaciones;  algo vital, con el puerto de Buenaventura a solo unas horas. 

«Abuelo enséñeme todo lo de la finca»… y él me respondió: “mijo, váyase pal´ pueblo y estudie”.

Nota: Gracias a 180gradosquindio.com, escribir llena de orgullo mi vivir.  Mientras el cerebro lo permita, compartiré los lunes mi pensar;  cada mes dedicaré un escrito al transcurrir de mi pueblo natal, Montenegro.


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